miro y observo
como planea
la sombra del eco
sobre nuestras sabias manos.
Manos de hielo
que no dudan en golpear
con fuerza de iceberg
haciendo temblar los cimientos
donde se sostienen
nuestros sueños de hojalata,
sueños reciclados
para un mundo muerto.
Un mundo sangrante
en el que se nos enseña
e instruye desde que nacemos
en el arte de la hipocresía.
Sentado en el quicio de la muerte
ya no miro, ni observo,
sólo me arrepiento.
Jose Segarra
